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| Yo
te saludo París,
cuando una rebelión de gárgolas
ebrias levanta el vuelo, |
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| llevándose
la catedral a los barrios pérfidos,
donde los jorobados por la vida, ven cumplirse sus sueños jodidos de locura. Y una tormenta venérea, |
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| ahuyenta
las baladas de los inválidos que encendieron sus barcazas en la Isle de la Cité, para morirse putrefactos o buenos. |
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| Ahí
va, toma la ballesta, apunta, el ángel de los pelos rubios vuela con los dos corazones galos |
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| y
el mismo hábito de ausencia, macabro, y otra vez errás el disparo, que mata al gorrión parisino, |
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| que
escupe miserias en el pont d?alma. Y otros también disparan, con poderosos flashes amarillos |
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| al
ángel, a las gárgolas, a los títeres de los claustros, a los miserables que ahora, roban el pan. Y mientras corro por las calles mirando como vuela Notredam, |
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| con
sus alas de oro, dorado, una mujer me patea un penal con una estrella, en el arco donde se escondió tantas veces el sol y que le da el tanto del triunfo |
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| entre
mis piernas agotadas por el espanto. Yo te saludo París, |
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porque tu belleza tiene hedores del infierno, porque tanta sangre ha corrido por el Sena, |
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| porque
eres el alma enamorada de un pintor enano, porque cobijas a Chopin y hueles a cebolla, porque de allí vinieron mis ancestros |
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| sin
saber que además traían el tango. Y porque mi corazón sagrado, volverá un día en una cigüeña negra |
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a devolverte aquél pan que me traje, y así me condenes para siempre a tu milagro . |

























